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sábado, 16 de octubre de 2010

FRANCIA: Huelga General - Radicalización en las calles contra la reforma de las pensiones

La protesta enciende Francia

El Gobierno se mantiene inflexible mientras asoma el fantasma de la penuria energética
La huelga paraliza las refinerías de todo el país y los estudiantes se suman a las manifestaciones

 
















Un estudiante en una protesta contra la reforma de las pensiones en Lyón. AP / LAURENT CIPRIANI 

El cartel de agotadas las reservas ya cuelga en algunas gasolineras. Este es el primer síntoma de que la huelga en Francia contra la reforma de las pensiones, que alarga la edad de jubilacón de los 60 a los 62 años, va más allá de la alteración del transporte y la función pública. Los paros afectan ya a todas las refinerías del país y la protesta se extiende como una mancha de aceite a otros sectores estratégicos como el transporte por carretera. Con la incorporación de los estudiantes a las manifestaciones, trasciende la reivindicación concreta para adquirir la dimensión de movimiento contra la política de Nicolas Sarkozy.



Los jóvenes se enfrentaron ayer a la policía en las calles de París como en el mayo de 1968. AP / LAURENT CIPRIANI | AP / LAURENT CIPRIANI

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Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 16 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Después de lograr un récord de participación en las manifestaciones del pasado martes -más de un millón de personas según el Ministerio del Interior y 3,2 millones según los sindicatos- para defender el derecho a jubilarse a los 60 años, los agentes sociales no quieren bajar la guardia. Las refinerías han relevado a los trenes como punta de lanza de los paros mientras las protestas se radicalizan y los estudiantes se han lanzado a las calles, configurando el escenario más temido por el Elíseo.

INCIDENTES / Los nervios empiezan a dejarse sentir. Los estudiantes ya han protagonizado escaramuzas con la policía y en las refinerías la tensión ha subido de tono. En la planta de Douges de la empresa Total, la policía se enfrentó a los huelguistas que bloqueaban el acceso a las instalaciones con una barricada. Mientras, el tráfico seguía muy alterado en el ferrocarril, tanto en el servicio de cercanías como el tren de alta velocidad, afectando a las conexiones con España.

Los camioneros pondrán en marcha operaciones de bloqueo en las carreteras. Los conductores de vehículos pesados se suman así a los trabajadores de las refinerías y los estibadores de Marsella, que desde hace una semana impiden la descarga de buques y petroleros.

Ante la aparición del espectro de la penuria de carburante, el Gobierno ha autorizado a las compañías petroleras a echar mano de sus reservas para suministrar a las gasolineras y aeropuertos. Quedan aún las reservas estratégicas, suficientes para que el país aguante tres meses, pero cuya utilización solo está prevista en casos extremos.

Nicolas Sarkozy se mantiene inflexible. El Gobierno afirma que no puede ir más allá -ya ha hecho algunas excepciones con algunas madres de tres hijos y padres de disminuidos- y confía en que el movimiento se desinfle. Pero la protesta está lejos de retroceder. Hoy hay convocadas nuevas manifestaciones y el martes los sindicatos quieren parar de nuevo el transporte y la función pública.

¿Por qué la decisión de alargar de los 60 a los 62 años la edad legal de la jubilación -seguirá siendo la más temprana de Europa- cataliza el descontento general? Hay que ponerse en la piel de un pueblo como el francés, con una larga tradición revolucionaria y acostumbrado a expresar el mínimo descontento en la calle, para responder a una parte de la pregunta. Las demostraciones de fuerza espectaculares constituyen un ritual habitualmente rentable para los sindicatos, que dominan la función pública.

SENTIMIENTO DE INJUSTICIA / Pero la explicación de fondo tiene más que ver con la crisis. La idea de que los trabajadores pagan por una situación provocada por los mercados financieros ha generado un sentimiento de gran injusticia. Si a esto añadimos un presidente que se resiste a aumentar los impuestos a los más ricos y un Gobierno afectado por escándalos relacionados justamente con el dinero -especialmente el caso Bettencourt, que afecta al ministro de Trabajo, Eric Woerth, encargado de la reforma de las pensiones- el malestar se transforma en deseo de revuelta.